El eje vertical de la carta natal, que une el Fondo del Cielo (IC) con el Medio Cielo (MC). Simboliza el poder en sus dos formas: el poder personal e interior (IC) y el poder social y objetivo (MC). Es el eje de la integración.
El Meridiano es el símbolo del ser humano de pie: la plomada que, prolongada hacia arriba, alcanza el Cenit exactamente sobre su cabeza, y que, prolongada hacia abajo, atraviesa el centro de la Tierra. Esta verticalidad expresa la capacidad humana de integrar lo más íntimo (IC) con lo más público (MC), de habitar simultáneamente la profundidad y la altura.
A diferencia del Horizonte —eje de la conciencia—, el Meridiano es el eje del poder. El IC representa el poder personal: la capacidad de integrarse como individualidad concreta, de enraizarse. El MC representa el poder social: la capacidad de participar eficazmente en la vida colectiva y dejar huella en el mundo. Ambos poderes se necesitan mutuamente.
El MC y el IC están profundamente vinculados a las figuras parentales. La actitud que se tuvo con los padres —la forma en que se interiorizó su influencia— condiciona directamente la capacidad de ejercer autoridad y de encontrar el propio lugar en la sociedad. Esta conexión entre origen familiar y destino social es una de las claves más reveladoras del análisis humanístico.