Las doce divisiones del espacio circundante al nativo, derivadas de la rotación axial de la Tierra. Representan los ámbitos concretos de experiencia individual a través de los cuales el alma desarrolla su potencial.
Las doce casas astrológicas son divisiones del espacio local que rodea al recién nacido, generadas por la rotación axial de la Tierra sobre su propio eje. A diferencia del zodíaco —que expresa cualidades colectivas y genéricas de la especie humana—, las casas expresan la dimensión individual y única de cada persona.
Cada casa corresponde a un período de observación de aproximadamente dos horas durante el día natal. La primera casa comienza con el Ascendente (el horizonte Este) y las casas se suceden en sentido antihorario. Los planetas que ascienden durante ese período quedan inscritos en la casa correspondiente, imprimiendo su energía en ese ámbito de experiencia.
Las doce casas se agrupan en tres tipos funcionales: las Casas Angulares (1, 4, 7, 10) corresponden al Presente y al Ser; las Casas Sucedentes (2, 5, 8, 11) corresponden al Futuro y al Hacer; las Casas Cadentes (3, 6, 9, 12) corresponden al Pasado y al Comprender. Esta división revela el ritmo de iniciativa, consolidación y síntesis que estructura toda experiencia humana.
En la visión de Rudhyar, las casas son el instrumento primario para interpretar la individuación: el proceso por el cual cada persona realiza de manera única y concreta el potencial inscrito en su nacimiento. El zodíaco dice QUÉ tipo de energía opera; las casas dicen EN QUÉ dominio de vida esa energía busca expresarse.