La organización de las doce casas en cuatro triángulos equiláteros, cada uno con vértice en un ángulo. Cada triángulo describe un camino de trascendencia y realización del yo en un plano específico: Identidad (fuego), Poder subjetivo (agua), Relaciones (aire) y Poder objetivo (tierra).
Al inscribir cuatro triángulos equiláteros dentro del círculo del horóscopo, con vértices en los cuatro ángulos, se obtienen cuatro grupos de casas: Triángulo de Fuego (1-5-9): el camino de la Identidad. Triángulo de Agua (4-8-12): el camino del Poder Subjetivo y el Alma. Triángulo de Aire (3-7-11): el camino de las Relaciones. Triángulo de Tierra (2-6-10): el camino del Poder Objetivo y la Materia.
Casa 1: la identidad en acción, el Yo en estado puro. Casa 5: la búsqueda de la seguridad de esa identidad, su expresión creativa. Casa 9: el aprendizaje en el nivel de la identidad, la filosofía que la sustenta. El trígono entre estas casas describe el proceso por el cual la chispa individual se convierte en llama consciente y se integra en una comprensión más amplia de la existencia.
Casa 4: las raíces del alma, la base concreta de la personalidad. Casa 8: la transformación profunda que esas raíces exigen para adaptarse al contacto con el otro. Casa 12: la síntesis espiritual, el repositorio de lo vivido y lo aprendido por el alma a través del tiempo. Este triángulo describe el ciclo de muerte y renacimiento de la personalidad en su dimensión más íntima.
El Triángulo de Aire (3-7-11) organiza el camino de las Relaciones: de los contactos cotidianos (3) al encuentro íntimo con el otro (7) y a la participación en redes más amplias (11). El Triángulo de Tierra (2-6-10) organiza el camino del Poder Material: de los recursos personales (2) a la adaptación laboral (6) y al reconocimiento social (10).